EL PETRO, LOS CRIPTOACTIVOS Y EL SISTEMA FINANCIERO PÚBLICO NACIONAL

Desde el anuncio de la creación del Petro (PTR) por parte de Nicolás Maduro el 03 de Diciembre de 2017, pasando por la creación de la Superintendencia de los Criptoactivos y Actividades Conexas (SUPCAVEN) el 08 de Diciembre de 2017, que luego cambiaría su nombre a Superintendencia Nacional de Criptoactivos y Actividades Conexas (SUNACRIP), llegando al primer lanzamiento del Petro el 20 de Febrero de 2018, como token ERC-20, para finalmente mutar a un desarrollo del algoritmo X-11, surgen una gran cantidad de preguntas que van desde su legalidad, pertinencia, uso y ubicación dentro de la estructura del sistema financiero público nacional. Y es que el Petro se nos muestra como un token gubernamental, centralizado, multipropósito y direccionado por el Ejecutivo nacional, cuyo uso todavía se encuentra entre medio de pago desmaterializado y beneficio social.

Este token gubernamental comenzó su aplicación en el mercado interno como una Initial Coin Offering (ICO) -Oferta Inicial de Moneda- según su libro blanco, que pretendía recoger un estimado de $6.000 MM en divisas y criptomonedas, luego pasaría a una fase de oferta pública que no se concretó, al igual que la ICO anteriormente señalada. Esto dejó en manos del Ejecutivo su aplicación discrecional bajo la figura de beneficio para pensionados y jubilados en diciembre de 2018 y posteriormente en diciembre de 2019, creando desconcierto entre sus beneficiarios directos quienes, ante la dificultad para transformarlo en dinero de curso legal, optaron por venderlo a pérdida en el mercado secundario, o haciendo largas colas para comprar bienes y servicios en las tiendas y comercios que lo aceptaban a través del sistema biopago. Quedando fuera de este grupo aquellos que simplemente no pudieron hacer otra cosa que mantenerlo en su estado original.

Lo cierto es que también se nos dijo que el Petro serviría para pagar impuestos, tasas y contribuciones, incluso para realizar pagos transfronterizos a proveedores internacionales aprovechando las ventajas de la Blockchain y sus medios de pago digitales, sin embargo el token gubernamental está sancionado desde marzo del 2018 por la Oficina de Control de Bienes Extranjeros (OFAC) de la Secretaría del Tesoro de los Estados Unidos de América, imposibilitando su uso y aceptación comercial fuera de nuestras fronteras. Ahora bien, ¿y dónde queda el Bolívar? Recordemos que si bien se encuentra depreciado y con escaso poder de compra dentro y fuera del mercado nacional, sigue siendo nuestra moneda de curso legal y de obligatoria aceptación, emitida exclusivamente por el Banco Central de Venezuela en concordancia con el artículo 318 constitucional y el artículo 94 y 106 de su propia ley.

En este sentido, salta a la vista el objetivo por parte del Ejecutivo nacional de usar al Petro como otro medio de pago de obligatoria aceptación, bajo un esquema de co-circulación, en un mercado multimoneda que ya existe debido a la dolarización informal que crece a gran velocidad, no siendo este token digital moneda porque no es emitido por el Banco Central de Venezuela, pero tampoco siendo legal como medio de pago, reserva de valor y unidad de cuenta, debido a que ni la Constitución ni la Ley del ente emisor así lo reconocen, todo esto más allá del Decreto constituyente del Sistema Integral de Criptoactivos, que intenta crear un piso jurídico para su participación en la dinámica económica nacional, en la cual la propia acción del Banco Central de Venezuela, ha afectado enormemente la actividad crediticia y de ahorro del sistema financiero tradicional.

Sin embargo, se le está creando toda una estructura en paralelo al sistema financiero público nacional para darle vida dentro de la economía del país, al establecer una superintendencia, con las figuras de superintendente e intendentes de área. De igual forma la creación de una Tesorería Nacional de Criptoactivos, así como también un tesorero, que junto a múltiples Casas de cambio virtuales creadas bajo licencia de la SUNACRIP, establecen el ecosistema de uso, aplicación y circulación de este token digital, de la mano de variadas billeteras digitales o monederos, que en el mediano y largo plazo se pretende conectar con la plataforma del sistema financiero nacional. En estas condiciones se pretende que el Petro sea aceptado y usado como pago de deudas, prestaciones sociales, beneficios laborales, así como también en cajas de ahorro de entes públicos.

Huelga entonces la pregunta ¿se está creando un sistema dual de medios de pago en el país?, todo apunta a que sí, porque se está desarrollando un sistema en paralelo que valide la introducción del token digital gubernamental en la dinámica económica nacional, misma ésta que se encuentran atravesando uno de sus momentos más aciagos de la historia económica, con profundos desequilibrios monetarios, cambiarios, fiscales y comerciales, donde el Bolívar deja de ser la moneda de mayor demanda en el mercado interno, para darle paso al dólar estadounidense, el euro, el peso colombiano, el real brasilero, el oro (puras/gramas) y criptomonedas de aceptación internacional como Bitcoin, Litecoin, Ether, Dash, BNB.

Lo que nos lleva a otra pregunta ¿entonces para qué reconvertir nuevamente la moneda en agosto de 2018 luego de haber creado el Petro en diciembre de 2017, con las condiciones económicas preexistentes? Acá debemos recordar, que antes de todo esto existía un sistema financiero público nacional, con un conjunto de ministerios, organismos e instituciones, regidas por instrumentos legales que, si bien no son perfectos, de estar todos ellos orientados al logro de objetivos claros de política económica, en un marco plurianual de una planificación cónsona y coherente con el momento y realidad nacional que vivimos, quizás otros serían los indicadores. Sobre todo, ahora en tiempos de pandemia cuando el Fondo Monetario Internacional proyecta grandes dificultades para la recuperación de las economías emergentes en el mediano y largo plazo, economías que no poseen nuestras características.

Estamos viviendo tiempos donde la tecnología se ha convertido en el gran habilitador para los cambios económicos, políticos y sociales, es el tiempo de la 4ta revolución industrial, pero también del COVID-19, gran impulsor de la Transformación Digital personal y empresarial que, si o si hemos debido iniciar, es también el tiempo de los Criptoactivos, los contratos inteligentes, las finanzas descentralizadas De-Fi y cambio del paradigma del dinero y del valor. Es el tiempo de las Monedas Digitales de los Bancos Centrales (CBDC), algo diametralmente opuesto al Petro, que surge como una opción de cambio para los bancos centrales, luego de investigar y comprender como la Blockchain y los Criptoactivos pueden agregar valor a la política monetaria y cambiaria de un país, cosa que en Venezuela no ocurrió.

Finalmente, más allá de la innovación y tecnología aplicada al desarrollo de nuevas capas de la economía y las finanzas en nuestro país, la ausencia de líneas claras en la estrategia económica nacional, en una de las más difíciles etapas de la historia económica y social del país, reclama la urgencia de un plan de ajuste económico que extraiga el excedente de liquidez, recorte el gasto social, sincere el valor de la divisa, incentive, potencie y recupere el aparato productivo, así como también levante progresivamente los controles, y redefina su política de endeudamiento interno y externo, para comenzar a transitar el camino de la recuperación  económica, sin medidas accesorias o distractoras del cambio necesario, donde una CBDC o token digital nacido de un banco central, puede tener una participación importante en el cambio necesario.

Econ. Aarón Olmos Esp. MSc.
CEO Olmos Group Venezuela
Profesor invitado IESA

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