RESTRICCIÓN DEL CRÉDITO Y CRIPTOMONEDAS EN VENEZUELA

Venezuela vive en la actualidad (2020) uno de los momentos más complejos de su historia económica, política y social. Nunca antes la “mala praxis” económica había hecho tanto daño, lesionando a toda una generación (20 años), destruyendo el aparato productivo, fracturando las instituciones y obligando a una de las naciones más prósperas de América latina, a ser una economía de puertos, con innumerables vicios en sus trámites, muy baja calidad de los productos importados y altos niveles de corrupción e ineficiencia en la cobertura de las necesidades básicas y fundamentales de toda su población. No conforme con esta situación, los responsables de la gestión económica del país, y de sus instituciones (BCV y MPPF), lejos de instrumentar políticas tendientes a corregir los desequilibrios del mercado interno y externo, terminan siendo los causantes de las distorsiones monetarias, cambiarias, fiscales y comerciales, de forma repetida y continuada.

Es el caso de las medidas tomadas por la directiva del Banco Central de Venezuela (BCV) en materia monetaria, al afectar de manera incremental en el mes de diciembre 2018 y luego enero y febrero 2019, el encaje legal marginal y ordinario para las operaciones de crédito del sistema financiero nacional, con la intención de restringir la liquidez y afectar el consumo privado, y por ende los índices de inflación, así como también incidir en el mercado cambiario (DICOM), obligando -ante la escasez de efectivo- a la venta de divisas en el mercado interno, sumado a esto el aumento del tipo de interés por el consumo con tarjetas de crédito (TDC), sin una lógica correspondencia entre los límites máximos de las TDC y la situación de precios en el mercado, en un ambiente hiperinflacionario que ya alcanza su tercer año con una inflación interanual de 7.374,4% para 2019 y una acumulada enero-septiembre 2020 de 1.433,58%.

En este mismo orden de ideas, el poder de compra del bolívar se ha pulverizado producto de las desastrosas decisiones de política económica tomadas desde el alto gobierno, y profundizadas desde el 20 de agosto 2018 con la segunda reconversión monetaria que ha vivido el país. Y es que, desde la creación del Petro en diciembre 2017, su vinculación con el bolívar reconvertido, su uso como unidad de cuenta para fijar sueldos y salarios, así como también para ser referente de tasas, impuestos y contribuciones nacionales, la economía nacional aceleró su proceso de descomposición. El signo de la actual política económica nacional es la “improvisación”, debido a que no hay coherencia en las tomas de política, irrespetando la “coordinación macroeconómica” y, por ende, profundizando el desorden y la pérdida de credibilidad institucional a todo nivel, convirtiendo a cualquier medio de pago alternativo, de preferencia divisas, que sea seguro, creíble, reserva de valor, ampliamente aceptado y con mercados para su intercambio, en la moneda funcional de los venezolanos.

Es este el caso del dólar estadounidense, el euro, el peso colombiano, el real brasilero, el oro (puras/gramas), el bitcoin, el ether, dash, litecoin, bolivarcoin, arepacoin, onixcoin y rilcoin, que son algunos de esos medios de pago alternativos que los venezolanos han aprendido a valorar, obtener, atesorar, intercambiar y trabajar con ellos, en un mercado y ecosistema de criptomonedas que se pretende regular, intervenir y sancionar, en manos de una legislación (decreto y providencias de la ANC) que muestra lo poco que se conoce la razón de ser y naturaleza de existencia de las criptomonedas y el protocolo Blockchain a partir del trabajo de Satoshi Nakamoto en 2008 (Libro Blanco) y 2009 (Bitcoin). De no ser por el uso intensivo de criptomonedas en manos de particulares, empresas y hasta el propio aparato gubernamental, los agentes económicos nacionales no estarían -a la fecha- haciéndole frente a una hiperinflación que en términos reales pulveriza el valor del trabajo (sueldos y salarios) y la riqueza de la empresa (utilidad).

Cada vez más sabemos de personas que hacen minería o están en un pool de mineros, otros que hacen trading de acciones o de criptoactivos, algunos que transforman bolívares a criptos y luego los venden en plataformas P2P, otros que dedican tiempo a realizar actividades repetitivas en sitios web pagaderos en criptos bajo la figura de los grifos o faucets, muchos que también dedican tiempo a jugar en línea durante 4 a 6 horas, recopilando instrumentos, artefactos virtuales y oro digital que son vendidos luego en mercados secundarios pagaderos en divisas o criptos, también aquellos que instruyen en el uso de las criptomonedas y sus plataformas, sin dejar fuera a los que de forma técnica orientan en la compra, instalación y puesta en marcha de equipos para minar, así como también a los desarrolladores y  programadores web, creando todos ellos un nuevo mercado de trabajo basado en criptomonedas, Blockchain y desarrollo de soluciones fintech que cubren necesidades reales y conectan de una manera diferente con la nueva economía, que es abierta, inclusiva y no depende de gobierno alguno.

La necesidad y la realidad país han llevado a muchos venezolanos a reinventarse, ser resilientes e increíblemente creativos, viendo oportunidades donde otros no las ven, haciendo gala de sus conocimientos adquiridos, y validando la necesidad de nuevas herramientas -materiales e inmateriales- para poder alcanzar sus objetivos. Todo esto está pasando en tiempos complejos, donde lo tradicional no necesariamente resuelve los problemas básicos y fundamentales, sobre todo si proviene de los centros tradicionales del poder. Es un despertar a la visión autogestionaria y hoy necesaria para mantener a flote familias y empresas, que saben que dependen de ellos mismos para salir adelante, formando parte de sistemas colaborativos globales, movidos por incentivos y recompensas que son vehículos de ahorro e inversión para muchos, o medios de pago puntuales para llevar lo necesario a casa. Nunca antes habían sido tan ciertos aquellos lemas cripto de “Sé tu propio banco” (Be Your Own Bank -BYOB-) o “Haz tu propia investigación” (Do Your Own Research -DYOR-), y es que la naturaleza de la nueva economía nos exige ser los “Trabajadores de conocimiento” (Knowledge Workers) que Peter Drucker esbozó en su libro “La Sociedad Post-Capitalista”, donde la principal herramienta para cambiarlo todo es lo que sabemos y cómo y dónde lo usamos.

Econ. Aarón Olmos Esp. MSc.
CEO Olmos Group Venezuela
Profesor invitado IESA

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