EL RETO DE LAS TELECOMUNICACIONES PARA VENEZUELA EN UN CONTEXTO POSPANDEMIA

Las telecomunicaciones en Venezuela se han convertido en una actividad realmente compleja e interesante de analizar en un país tan particular. Desde lo tecnológico debemos afirmar que es un sector que ha crecido exponencialmente en los últimos 3 años (2018-2020), pero tampoco podemos negar que sigue estando por debajo del modelo que necesita y exige un país con poco más de 32 millones de habitantes, según cifras oficiales.

El monopolio que existió hasta hace poco tiempo de la explotación y administración del internet por parte del Estado venezolano, condicionó su desarrollo al ritmo que exigía un país con alta demanda y necesidad real de crecimiento en todos sus sectores, quedando en una situación de desventaja que realmente lo condenó a tener el servicio más lento de Latinoamérica, quedando en el puesto 71 a nivel mundial. Es importante observar que para el año 2020, la velocidad del internet en Taiwán era de 85.02Mbps comparado con el 1,8Mbps promedio en Venezuela.

¿Qué sociedad en la actual coyuntura mundial puede crecer sin tener las herramientas de formación, comunicación, investigación y desarrollo si no tiene una plataforma tecnológica capaz de atender la demanda de información que se genera dentro de sus universidades, de sus escuelas? Ese es el caso de Venezuela…

Las telecomunicaciones no sólo son redes físicas de cables, no es sólo una serie de torres ubicadas estratégicamente para trabajar en red, es mucho más que eso. Es la posibilidad de romper barreras, barreras de todo tipo, de idioma, de raza, credo, ideológicas, de tiempo, de distancia, es la herramienta capaz de acercar y armonizar a muchas personas en un mismo proyecto en común, todos ubicados en diferentes espacios. Es la posibilidad abierta y permanente para impulsar el crecimiento del objetivo que se propone el hombreen sociedad.

No es sencillo abordar el sector de las telecomunicaciones sin hacer mención a la importancia que actualmente tiene en la medicina, el intercambio de experiencias, las investigaciones médicas conjuntas que han permitido descubrimientos de alto impacto de tratamientos que han permitido mitigar el daño de enfermedades en cualquier parte del mundo. El mejor ejemplo, es la unión y trabajo en conjunto que se ha venido desarrollando alrededor del COVID-19, un virus que llegó para marcar un antes y un después en la historia del mundo, y ha sido gracias a las telecomunicaciones, que se ha logrado informar y mantener al día con el avance de la pandemia, a millones de personas a nivel mundial para tomar medidas de contención desde todos los sectores, y tratar de compensar los daños originados por esta cruda y macabra enfermedad.

La familia, entendiéndola como la célula inicial de la sociedad se ha visto realmente afectada desde diferentes vértices, y como tal, ha tenido que exigirse al máximo para poder mantenerse y no extinguirse como los dinosaurios al inicio de la humanidad. Cada uno de sus componentes ha visto en las telecomunicaciones una manera de sobrellevar la pandemia y compensar la necesidad de interacción que se ha perdido como consecuencias del bien y necesario aislamiento social. Es difícil cuantificar las pérdidas cuantitativas y cualitativas que el COVID-19 está generando en los mercados internacionales, pero más complicado es tratar de cuantificar el daño que cada persona ha sufrido a lo interno de su familia, de su vida, de sus relaciones sociales, ya que el tiempo no se recupera, la día que pasa, día que no regresa, experiencias de vida que todos han tenido que sacrificar en nombre de un bien mayor que aún no llega, y que no se sabe a ciencia cierta cuándo puede llegar.

Esta situación de inestabilidad diaria no cambiará velozmente con la llegada de las vacunas, no cambiará sin el firme propósito del hombre de querer respetar al prójimo y colocar en su lugar la real importancia de la vida. No se puede pensar en un mañana, si el hoy es como este torbellino de contradicciones de valores que el hombre tiene, y no habrá tecnología que soporte a la humanidad, si la humanidad no se soporta y no comporta.

Soc. José Uzcátegui Esp.

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